Hay lugares que parecen poco prometedores desde el primer momento. Un pequeño grupo de árboles junto a un campo difícilmente compite con una gran montaña, una cascada o una puesta de sol espectacular.
Sin embargo, muchas veces el problema no está en el lugar, sino en la distancia desde la que lo observamos. Cambiar el punto de vista o acercarnos puede revelar fotografías que no habíamos imaginado.
Las imágenes de este artículo fueron tomadas con una Lumix FZ300 y muestran precisamente eso: cómo un rincón aparentemente corriente puede convertirse en una fuente de fotografías interesantes cuando dejamos de mirar sólo el conjunto.
Muchas fotografías aparecen cuando dejamos de observar una escena desde la misma distancia.
Al llegar a un lugar solemos fotografiar primero el conjunto. Es algo natural porque queremos mostrar dónde estamos. Sin embargo, el conjunto no siempre es la imagen más interesante.
Acercarnos permite descubrir texturas, formas, colores, detalles y relaciones entre elementos que pasan desapercibidos a simple vista.
Esta forma de trabajar puede aplicarse a paisajes, árboles, flores, edificios, objetos cotidianos o incluso escenas urbanas.
Si una escena parece aburrida, prueba a acercarte antes de marcharte.
Un lugar aparentemente normal
La primera fotografía muestra el entorno tal como lo encontramos. Un pequeño bosque junto a un campo. Es una imagen útil porque sitúa al espectador y explica dónde fueron tomadas las demás fotografías.
Pero probablemente no sea una escena que haga detenerse a muchas personas. No hay elementos especialmente llamativos ni una luz espectacular. Es simplemente un rincón tranquilo del paisaje.Y precisamente por eso resulta interesante como ejemplo.
Acercarse cambia completamente la fotografía
En lugar de seguir buscando otro lugar, decidí acercarme a los árboles. Al hacerlo comenzaron a aparecer detalles que desde lejos apenas se percibían.
Las cortezas mostraban grietas profundas, zonas desgastadas por el tiempo, líquenes amarillentos y pequeños contrastes de color entre la madera exterior y el interior del tronco.
De repente, el protagonista ya no era el bosque completo, sino una pequeña parte de él.
La fotografía del tronco aislado
La primera fotografía de detalle fue realizada con una focal equivalente de 547 mm, ISO 800, diafragma f/8 y una velocidad de 1/20 s.
Gracias a esa focal tan larga, el fondo queda completamente suavizado. El campo situado detrás del árbol se transforma en un fondo uniforme de color que no distrae la atención.
La composición es extremadamente sencilla. Prácticamente sólo vemos el tronco ocupando buena parte del encuadre. Sin embargo, las texturas, los líquenes y los tonos rojizos de la madera proporcionan suficiente interés visual.
Es una fotografía que funciona precisamente porque elimina todo lo innecesario.
Dos árboles y más profundidad
La segunda imagen utiliza una focal equivalente de unos 331 mm. En este caso se utilizó un f/2.8, ISO 3200 y 1/250 s.
Aunque el ISO es muy elevado para una cámara con un sensor relativamente pequeño, el procesado posterior permitió obtener un resultado perfectamente utilizable.
Aquí aparece un recurso adicional: un segundo tronco desenfocado en el fondo.
Ese árbol secundario añade profundidad y ayuda a crear una sensación espacial más rica que en la fotografía anterior. El ojo identifica claramente cuál es el sujeto principal, pero percibe también que forma parte de un conjunto mayor.
¿De verdad una cámara de sensor pequeño puede desenfocar así?
Habitualmente, se suele asociar automáticamente el desenfoque de fondo con sensores grandes. Sin embargo, la distancia focal también tiene una enorme influencia.
La Lumix FZ300 dispone de un objetivo equivalente a 600 mm f/2.8, una combinación que permite aislar sujetos con bastante facilidad cuando trabajamos a distancias adecuadas.
Estas fotografías son un buen ejemplo de ello. El fondo desaparece visualmente y toda la atención se concentra en las texturas de los troncos.
No es necesario disponer del equipo más moderno o más caro para experimentar con este tipo de imágenes. Muchas veces basta con conocer bien las posibilidades de la cámara que ya tenemos.
La enseñanza que deja esta experiencia
Lo más interesante de estas fotografías no son los datos técnicos ni el equipo utilizado.
La verdadera enseñanza es que una misma localización puede contener imágenes completamente distintas dependiendo de cómo la observemos.
Primero vemos un pequeño bosque.
Después vemos árboles.
Después vemos troncos.
Y finalmente vemos texturas, colores y formas abstractas.
Cada nivel ofrece posibilidades fotográficas diferentes.
No abandones demasiado rápido una localización aparentemente corriente.
Antes de marcharte, dedica unos minutos a explorar detalles, texturas y pequeños elementos que normalmente pasan desapercibidos.
Muchas fotografías interesantes aparecen cuando dejamos de buscar grandes paisajes y empezamos a observar lo que tenemos más cerca.
Si el conjunto no funciona, prueba a fotografiar una pequeña parte de él.
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