Una de las ideas más repetidas en fotografía es que para conseguir fondos desenfocados hace falta un sensor grande. Sin embargo, la realidad suele ser bastante más compleja.
Para comprobarlo he realizado una pequeña prueba práctica utilizando dos cámaras muy diferentes: una Panasonic Lumix FZ300 con su objetivo integrado y una Lumix G100 equipada con el Olympus 70-300 mm.
En ambos casos se utilizó una focal equivalente cercana a 600 mm. El objetivo era sencillo: comprobar cuánto desenfoque puede obtener un aficionado utilizando equipos de precio razonable.


