A veces no hace falta buscar sujetos complicados para comprobar de qué es capaz una cámara. Una simple amapola iluminada por el sol puede convertirse en una excelente prueba de color, contraste, textura y calidad óptica.
La fotografía que acompaña este artículo fue realizada con una Fuji S100FS utilizando únicamente el objetivo incorporado. No hay lentes adicionales ni accesorios especiales. Sólo una flor, una buena luz y una cámara que sigue dando muchas alegrías años después de su lanzamiento.


